Luz Plateada

Luz Plateada

★★★★Espada ligeraATQ

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Nivel
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Luz Plateada — Una espada larga que dejó Descifravientos, uno de los Tres Ermitaños de Guizang de Liyue. Cuenta la leyenda que fue forjada con plata secreta caída del cielo, y que con ella se cortaron de un tajo las aguas del mar.
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Arrebol sobre el agua

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Personajes — Espada ligera

Historia

En aquel entonces, el joven aún no era venerado como el fundador de la adivinación Chimen, y el nombre de “Descifravientos” todavía era desconocido en el mundo. Por aquella época, no era más que un vagabundo que deambulaba por las calles, creando talismanes con el aire y vertiendo vino para trazar formaciones esotéricas. Así, entre interminables banquetes y juergas, se ganó la reputación de ser una persona arrogante y desenfrenada. Se jactaba de haber atisbado la frialdad del mundo y de ver las verdades universales como meras trivialidades con las que jugueteaba con las puntas de sus dedos. Con su deslumbrante talento, alardeaba de que lo que debía hacer era vagar por el mundo de los mortales mientras se reía de todas sus alegrías y penas. El joven exorcista errante actuaba de forma completamente caprichosa, sin que le importara lo que estaba bien o lo que estaba mal. Hacía realmente lo que le daba la gana, ya fuera robar el espejo de bronce de los Dos Sabios de Lianshan o castigar a los bandidos que sembraban el terror en las montañas. Así transcurrieron los días, hasta que una noche, unos alaridos sobrenaturales interrumpieron la paz de una aldea en la montaña. El joven, que justo pasaba por allí, invocó una tormenta eléctrica con la que redujo a los espíritus malignos a cenizas. Acabó sin piedad alguna con todos los demonios con los que se cruzó, pero luego, fiel a su naturaleza desenfrenada, se burló de los aldeanos a los que acababa de salvar. Sin embargo, el trueno aún no se había desvanecido cuando un destello plateado cayó súbitamente. En el cielo, un resplandor celestial se entretejió en miles de plumas de jade. Entonces, cual ave misteriosa, una hermosa doncella de ojos resplandecientes descendió flotando entre las nubes para interrumpir la arrogancia del joven. Se trataba de aquella que, más tarde, sería venerada como Alargéntea, una de las Tres Bestias de Tao Dou. Esta suspiró al ver cómo el joven desperdiciaba su talento. Aunque poseía el don de la adivinación, con el que era capaz de calcular todos los fenómenos del mundo, lo usaba como si fuera un simple juguete con el que burlarse de los mortales. El arrogante joven jamás había sufrido semejante humillación. Alzó su espada y la apuntó directamente hacia la etérea silueta celestial que lo miraba desde lo alto... “Ja, ¿crees que te tengo miedo? Pues escucha bien: Desde pequeño soy salvaje y audaz, he vagado por el mundo durante diez inviernos ya. No tengo ni padres ni ataduras, mas poseo flores y una espada que empuñar. Por la noche, el fuego de mi talismán quema las estrellas, y en mi bolsa entran cien leguas de brisa primaveral. Que nadie se atreva a difamar las artes Chimen, pues lo que yo cultivo es la suprema ley real. Refino mi elixir entre flores, y en sueños mi fuego interior arde sin cesar. En la embriaguez invoco los truenos, mientras con doncellas celestiales me pongo a juguetear. Si tan solo una fracción de mi poder llegara a liberar, a los Cuatro Grandes Sabios haría temblar. Con dar un soplido y dibujar unos amuletos de papel en el agua, las almas de los Adeptus de Jueyun podría destrozar. Las bellas damas son los calderos de mi arte, y las casas hermosas son mi sagrado altar. En habitaciones de seda lamento la fugacidad del mañana, donde mi flauta de jade hace los vientos levantar. Si osas interponerte en mi camino, que seas una vieja canosa no me habrá de importar. Te arrancaré tus almas y tus espíritus; ¡en el horno de mi caldero arderás y en oro te convertirás!”. “¿Terminaste?”. Su suave voz se derramó como una plateada luz lunar, seguida de una imponente presencia celestial capaz de quebrar las nubes y romper las rocas. Talismanes y espadas se entrecruzaron. El joven exorcista, que presumía de un talento sin igual, acabó sucumbiendo ante el resplandor de aquellas plumas de jade. Como la cría de una bestia atrapada en un foso y pisoteada por su rival, en lo más hondo de sus ojos ardió, sin razón aparente, un fuego nunca antes visto. Sin embargo, la Adeptus de plumas plateadas como el jade no se enfureció como el joven había esperado, sino que, en su lugar, le ayudó a ponerse de pie. “Si tu corazón desea hacer el bien, ¿por qué te conformas con ser un vulgar bandido? Ven conmigo a recorrer el mundo, pues lo que hay en él es mucho más maravilloso que los paisajes mundanos que has visto”. “¡¿A qué viene ese sentimentalismo de repente, vieja?! ¡Soy un practicante de las artes verdaderas, capaz de controlar el fuego y el rayo, y gran conocedor de los astros y de la luna! ¡¿De verdad crees que me rebajaría a ser tu sirviente?!”. A pesar de su lenguaje y sus injurias, el arrogante joven no se marchó. Y no fue porque aquella a la que había llamado “vieja” le hubiera molido a golpes una segunda vez. Sino porque, en sus gélidos ojos, vislumbró una compasión que no había sentido en mucho tiempo. Era como el refugio que, tal como se describe en los libros, ofrece una madre amorosa, o tal vez como... ... “¿Cómo qué?”. Le preguntó ella mucho tiempo después con unos ojos que reflejaban una luz plateada. Siguiendo su temperamento habitual, el arrogante y desenfrenado ancestro de las artes Chimen debería haber respondido con alguna ingeniosa galantería. Sin embargo, para su sorpresa, se dio cuenta de que tenía tal nudo en la garganta que, aun conociendo decenas de miles de palabras, no logró hilar ni media frase ingeniosa. Cuando despertó, la tenue lámpara ya se había apagado. Lo único que le hacía compañía eran el vino frío sin tocar en su escritorio y un espíritu errante. “Otra vez ese sueño”, pensó. Otro año más pasó, trayendo consigo la luna llena, pero ella siguió sin regresar. Así pues, siguió esperando en aquel sueño. Tal vez, de esa forma, algún día... Sí, algún día...

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