Fuente de Ignición
Armas

Fuente de Ignición

Rareza 4Espada ligeraMaestría Elemental

Estadísticas por nivel

Nivel
ATQ510
Maestría Elemental165
Fuente de Ignición — Una espada larga cuyo filo es una gema y que, según dicen, fue forjada en pos de la justicia. Al desenvainarla, emite el resplandor de unas llamas azules.
Español

Chispa ardiente de las llanuras nevadas

Tras causar una Reacción Elemental, el ATQ del portador de esta arma aumenta en un 16% durante 12 s. Tras causar una reacción de Destello Estelar, el daño de Destello Estelar del portador aumenta en un 16% durante 12 s. Estos efectos se pueden activar incluso cuando el portador de esta arma está en tu equipo pero no en uso.

Personajes — Espada ligera

Historia

“Tiempo ha, un miembro de la realeza feérica era venerado en las sombras... Hasta que una mano purificadora vino y le dio muerte, dejando atrás un antiguo apellido y unos restos olvidados”. Muchas de estas gloriosas epopeyas están destinadas a ser olvidadas por el tiempo, vencidas en el gran juego de la supervivencia. El joven derrotado rio divertido e intercambió de lugar honoríficos y títulos en su críptico verso: “Oh, perla de la tierra de las cenizas, eminentes señores y señoras de noble nombre, y estimados dignatarios... Entre tú y yo no hay rencor alguno. No fue más que una prueba de fuerzas, una disputa que no cruzó los límites. El resultado ya está decidido, pero mejor hagamos las paces y limpiemos juntos el polvo y la mugre de esta larga calle. Así nos ganaremos las alabanzas de aquellos que habitan entre las cenizas, y esos señores de falsa benevolencia oirán hablar de nuestra hazaña y temblarán de miedo”. La muchacha, radiante como una perla, con expresión altiva y tono amenazante, declaró: “Escuchen bien, cenicientas alimañas de Kitezhgrado, humanos que solo saben robar: Graben esta derrota en su memoria y, antes de que se agote la paciencia de esta mujer, cumplan lo apostado y márchense. Recuerden también este apellido, pues volverá a reclamar todo lo que se perdió. Llegará el día en que nadie se atreva a pronunciar el sagrado nombre de los descendientes de la princesa”. El joven no se dejó abatir por la derrota y siguió considerando la lucha por la justicia como un juego. Su fama creció cada vez más, convirtiéndose en un faro que iluminaba el camino de la rectitud. La muchacha, en cambio, se nutrió de la violencia y adoptó el título de “la Incendiaciudades”, siendo aclamada como soberana de la destrucción y la nada. Cuando volvieron a enfrentarse, lo que antes había sido una rivalidad personal se había convertido en una batalla por la seguridad de los ciudadanos. Y las tornas cambiaron. Ante un rival al que respetaba profundamente, la compasión del guía creció en su interior. Dejando atrás su astucia habitual y conteniendo su aire desenfadado, le aconsejó con seriedad y sinceridad: “Los conspiradores han convertido tu noble apellido en una bandera vacía y acabarán por arrebatarte todo lo que tienes. Pero las gentes aún están dispuestas a perdonarte, en nombre de las cenizas, de Kitezhgrado y de Snezhnaya”. A pesar de haber sido derrotada por aquel a quien una vez venció, la muchacha, radiante como una perla, mantuvo su expresión altiva y la cabeza en alto. “La Incendiaciudades y sus seguidores no se someterán a Snezhnaya, ni la tierra de cenizas será la morada de aquellos de linaje real. Viles mercaderes de falsa benevolencia, oportunistas de la historia... No son dignos de hablar de conciliación ni de absolución”. El tercer encuentro premeditado se convirtió en la última vez que se vieron. El palpitante corazón de la destrucción se había convertido en pólvora, anhelando vislumbrar el fin de todos los seres vivos a través del tren que se precipitaba hacia el alto horno. La Incendiaciudades y sus seguidores conspiraron para destruir las Antorchas Kresnik, haciendo que Snezhnaya cargara el féretro de su antiguo linaje. El guía, afilado como una espada, ancestro fundador de los Luchkin, lideró a los suyos para detener una vez más la locura de los matones. Sobre aquella batalla final, las historias transmitidas a la posteridad han dado lugar a cientos de interpretaciones diferentes. Pero solo porque los seguidores del guía continuaron reviviendo y recitando el pasado a lo largo de los siglos. “Ay de su clemencia, que solo despertó la ira de ella. Ay de su benevolencia, que no logró inspirar arrepentimiento en aquellos bandidos. Con la batalla en un punto muerto, ambos saltaron al horno y juntos cayeron entre las llamas, pereciendo tanto el justo como el malvado”. La sombra que se cernía sobre las tierras heladas del páramo se disipó con la luz del alba, en el nuevo amanecer que trajo consigo aquella caída. En cuanto a quién había ganado o perdido en sus enfrentamientos previos, la afilada espada y la perla resplandeciente de la tierra de las cenizas no habrían de contarlo, pues ahora dormían en un sueño profundo. La oscuridad cubrió entonces sus ojos. Afortunadamente, la preciada espada que cayó a la tierra fue rescatada de entre la fina capa de nieve. “Oh, espada que vela por el pueblo, que el camino por el que nos guiaste sea también la ley que seguirán quienes vengan después”.

Contribuciones
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