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Bendición de la luz solitaria
Cuando el portador de esta arma usa su Habilidad Elemental, obtiene el efecto de “destello de la primera luz”. Mientras este efecto esté activo, cada segundo se registrará la distancia recorrida por el portador y se le otorgará entre un 18% y un 36% de Bono de ATQ en función de la distancia que haya recorrido en el segundo anterior. Este efecto dura 14 s, puede activarse una vez cada 14 s y se eliminará cuando el portador de esta arma se retire de combate.
Personajes — Espada ligera
Historia
Cuando las llamas recién nacidas aún emanaban vapor, y fueron elevadas por ellas a través de los ardientes y erosionados estratos rocosos... Tras despedir a los asistentes, cuando ya no quedaba nadie más que él en el salón real, dejó de arrodillarse ante el trono vacío y se puso de pie. La espada que desenvainó de la funda de cuero llevaba tanto tiempo sin usarse que había perdido el filo que alguna vez había tenido. Sin embargo, su dueño la había cuidado bien, sin dejar que ni una mota de polvo la manchara en todas estas décadas. En realidad, no era un espadachín, pues la mitad de su sangre que tanto detestaba le había otorgado una fuerza muy superior a la de un mortal normal y corriente. Todos sabían que dominaba el lenguaje dorado y podía controlar la luz del arcoíris con una maestría casi mágica, pero nadie era consciente de que era capaz de enfrentarse a un dragón con las manos vacías. El momento en que tomó posesión de esta arma también fue un tanto extraño. Después de que los muchos héroes arrasaran con cierta fortaleza de descendientes de los dragones, todos encendieron una hoguera entre huesos y mecanismos destrozados, y en pocas copas perdieron cualquier sentido de la mesura en su charla. “¡Todo el mundo sabe que la mejor arma contra bestias gigantes es una gran espada a dos manos! Solo hay que observar sus movimientos y... ‘¡zas!’. Un buen golpe, y hasta el cráneo más duro resonaría como una campana durante medio día”. “¡Ja! Si mis flechas envenenadas no se les hubieran clavado en lo más profundo, jamás habrías podido ir por sus cabezas. ¡Si la mayoría de los días apenas puedes poner el pie derecho delante del izquierdo!”. “Yo propongo que quien más se esforzó fue Ixquieh, que los atrajo a nuestra trampa usando flogisto. Gracias a ella, los puntos débiles de los autómatas quedaron expuestos durante un buen rato”. “Tú también lo hiciste muy bien, hermano mayor. Esquivando esos zarpazos, girando y cortando en el aire con una sola mano, y todo eso. Hasta te subiste a uno de esos dragones y le estrellaste la cabeza contra el acantilado, ¿no?”. “¡Socorro! ¡Que alguien me saque de aquí antes de que estos hermanos sigan presumiendo el uno del otro! Preferiría escuchar a Maghan tocar la flauta”. “Si crees que soy tan mala, Uenuku, ¿por qué no te tapas los oídos? No es como si yo controlara tus brazos”. “¡Ya sé! ¡Necesitamos un juez! ¡Eso es lo que necesitamos! ¡Alguien que elija la mejor arma!”. Y así fue como la bulliciosa multitud dirigió la mirada hacia el pelirrojo que cargaba la carne. Silenció a los ruidosos borrachos con la carne asada y dirigió su mirada hacia quien permanecía en las sombras. “La mejor arma, ¿eh?...”. El hombre que sabía manejar todas las armas, naturalmente, no podía darle a nadie una respuesta satisfactoria, pero cuando el hombre de cabello ardiente posó su mirada sobre él... Ah, pensó para sus adentros, así que eso era. Claro, sin duda no podía ser de otra manera. Él mismo era el arma más perfecta del otro. ¿Cómo podría ser de otro modo? “Por cierto, has estado todo este tiempo sin armas, ¿verdad? Entonces, ¿qué quieres usar? Lo que elijas... ¡lo consideraremos la mejor arma!”. Solo más tarde descubriría que ese era uno de los irritantes hábitos de aquel hombre: lanzar preguntas absurdas a los que estaban cerca. De cualquier manera, tomó su decisión... Su respuesta probablemente solo complació a Ahpub y a aquel hombre, quien así se libró de tener que responder una pregunta incómoda. Este último cumplió dicha promesa, y fue un acto cargado de gran significado: se encendió el fuego para fundir las obras de los antiguos dragones, y con ellas se forjó una afilada hoja para él. “Es práctica habitual fabricar armas de guerra con los materiales que obtenemos en nuestras cacerías. Pruébala. El material y el centro de gravedad han sido ajustados a tus proporciones”. Un arma obsequiada por ese hombre jamás podría tener un mal desempeño. Muchas veces se usó a sí mismo como cebo, y empleó esta hoja para cortar las cabezas de sus desconcertados enemigos. Juró usar esta espada para cazar a todos los herejes inhumanos y crear un mundo que perteneciera únicamente a los humanos, en honor a quien le había entregado esa arma. Pero hacía demasiado tiempo que no blandía esa espada en combate, y tampoco es que nunca hubiera sido muy bueno con ella. El rostro del joven de ojos carmesí, aún inmaduro pero lleno de furia, destelló ante él con un poder que no era menos que el de un dios. Y la espada que otrora segaba herejes le fue arrancada de las manos, para luego ser hundida en su pecho en el mismo instante en que él se tambaleaba al borde del abismo, a punto de caer en el lodo. Lo observó mientras su cuerpo se hundía en el lodazal oscuro como la noche. “Ja... Así es. Ahora lo entiendo. No... no podría haber sido de otra manera”. Antes de cerrar los ojos, posó la mirada un instante en las llamas del joven de ojos rojos. Y así, lo confundió con la sombra del astuto zorro carmesí, cuyo rostro, lleno de tristeza, cruzó fugaz por el rincón del palacio que se derrumbaba.