Estadísticas por nivel
| ATQ | 674 |
|---|---|
| Daño CRIT | 44,1 % |
Español
Danza rompecrisálidas
Cada vez que el portador de esta arma use su Habilidad Elemental o Definitiva, obtendrá uno de los siguientes tres efectos en este orden: Viento de la lealtad: el Daño CRIT del portador aumenta en un 56% durante 10 s. Viento de la rebeldía: el daño de Torbellino Estelar del portador aumenta en un 36% durante 10 s. Viento de la abundancia: el portador recupera 5 pts. de Energía Elemental. Como máximo, se pueden recuperar 5 pts. de Energía Elemental de esta forma cada 4 s. Cuando el portador se retire de combate, se eliminarán los anteriores efectos y su orden se reiniciará.
Personajes — Espada ligera
Historia
En aquellos días en los que aún no había perdido su apellido, todo el mundo la reverenciaba como “la primogénita de los Strivozha”. El gran duque Focio falleció repentinamente a causa de un derrame cerebral, así que la consejera que lo había asistido con tanta devoción no tuvo más remedio que asumir su título. Junto a la miel que había bebido, enterró en una tumba su ambición de liderar una rebelión de la Druzhna. A pesar de lo cambiantes que eran los vientos de las tierras heladas, el clan de los duques vila se mantuvo firme en la cúspide del poder. Contrariando la voluntad de la primera antepasada, el jardín de Veneter volvió a caer en manos de una heredera de los Strivozha. Esto añadió otro ejemplo más de lealtad a la historia de ese apellido, tal como había ocurrido en la Corte de la Estrella Albina. “Oh, noble duquesa, ¿acaso es usted tan ingenua como para creer que la nueva Zarina confiaría en su clan? Para ella, la gloria de la Corte de la Estrella Albina es como una espada suspendida sobre su cabeza que, tarde o temprano, sucumbirá a la adulación de los humanos. Su madre, la Inmaculada, fue leal al Zar Monómaco. ¿Cómo puede usted haber olvidado ese juramento? Vamos, alteza Gluvasha Strivozha, unamos fuerzas para derrotar a esa traidora usurpadora”. Los rebeldes, que conocían la inquebrantable lealtad que su madre tuvo hacia el antiguo Zar, la arrastraron consigo para alzarse contra la nueva soberana de las llanuras nevadas. La primogénita de los Strivozha aceptó de inmediato, y en sus pupilas verticales de color verde esmeralda brillaba la misma noble compasión que se había reflejado en los ojos de su madre. “Si, tal y como usted dice, amigo mío, esa despreciable y falsa soberana debe ser derrocada por el futuro de nuestro clan... Entonces, estoy dispuesta a jurar por el honor de Santa Strivozha que los vila permanecerán firmes a su lado”. Tal como los rebeldes esperaban, durante los meses siguientes, la duquesa vila no dejó de condenar públicamente la violencia de la Zarina. Primero expulsó de su territorio a los enviados especiales del Palacio Zapoliarni y, después, llegó incluso a reclutar vasallos por cuenta propia sin autorización imperial. Como era de esperarse, la primogénita de los Strivozha siempre fue tan leal y confiable como su madre, a quien se honraba con el título de “Inmaculada”. Las hadas rebeldes de distintos clanes se miraban mutuamente con hostilidad y desconfianza, pero siempre estaban dispuestas a revelar información confidencial a los vila para que estos la usaran con fines de coordinación y planificación. No fue hasta que atraparon a todos los rebeldes de una sola vez que finalmente descubrieron que aquellos a quienes consideraban aliados ya se habían puesto del lado de la Zarina. Furiosos, los rebeldes la acusaron de traición y arremetieron contra ella por haber deshonrado el nombre de su madre. Sin embargo, la duquesa vila se limitó a reírse con desdén: “Ja, ¿acaso no alabaron la lealtad de los Strivozha y deseaban aliarse con nosotras precisamente por eso? Como ya dije, si nuestra Zarina Anastasia debiera ser derrocada, los vila lucharíamos codo a codo con ustedes. No obstante... Si el viento les hubiera traído algún mensaje, entonces ya sabrían que Anastasia es nuestra única soberana. Ustedes no son mis señores, ni yo soy su vasalla. Así pues, ¿por qué quieren difamarme y acusarme de haber traicionado su rebelión?”. Así fue como toda rebelión fue erradicada en las tierras heladas bañadas por la luz de su amor y benevolencia. Los Strivozha nunca fueron enemigos de nadie, sino que, tal y como se cuenta en los libros de historia, siempre se mantuvieron fieles al honor y a la lealtad. Aquí termina esta historia tan bellamente escrita. Sin embargo, pocos conocen lo que la duquesa vila relató después: “Su majestad, los apellidos nobles no son más que cadenas. La recompensa que más apreciaría yo es la libertad. Los vila ya gozamos de su gracia suprema, así que, ahora, le suplico que me libere de estas ataduras. Aunque lo hice para engañar a los rebeldes, haber reclutado tropas por mi cuenta sigue siendo un acto imperdonable de alta traición. Se lo suplico: confisque mi feudo, quíteme mi apellido y mi título y designe a un nuevo duque”. Y así, un solemne decreto descendió del trono, misericordioso como un suspiro compasivo y etéreo... “Gluvasha, de ahora en adelante, la gente ya no te recordará por el apellido de tu familia. Ningún libro de historia recordará tu título nobiliario. Ojalá que en tu lápida quede grabada la lealtad que siempre guardaste en tu corazón”.