Español
Golpe de la calamidad
Tras usar su Habilidad Elemental, el portador de esta arma obtiene durante 17 s el efecto de “senda de la discordia”, además de los efectos de “imperdonable” e “incurable” durante 3 s. Esto solo puede ocurrir una vez cada 18 s. Imperdonable: aumenta en un 40% el daño de los Ataques Normales y Cargados del portador. Incurable: aumenta en un 40% el daño de la Habilidad Elemental y Definitiva del portador. Mientras el efecto de senda de la discordia está activo, la duración del efecto de incurable se prolonga 1 s cuando el portador de esta arma golpea a un enemigo con un Ataque Normal o Cargado, y la duración del efecto de imperdonable se prolonga 1 s cuando golpea a un enemigo con su Habilidad Elemental o Definitiva. Cada uno de estos efectos solo se puede activar una vez cada 0.1 s. Cuando termine senda de la discordia o cuando el portador de esta arma se retire de combate, los efectos de imperdonable e incurable se anularán. Taumaturgia: rito secreto: los aumentos de daño anteriormente mencionados se incrementan en un 75%.
Personajes — Lanza
Historia
Cargando con el dolor de su tierra natal, el guerrero de tierras lejanas sepultó sus esperanzas marchitas en la capital nevada, donde la luz lunar no alcanzaba. La añoranza que nunca pudo expresar y el último mural quedaron enterrados bajo el polvo, dejándolo a él vagar a solas por las llanuras heladas. Creyó que, al abandonar su antigua gran espada en la gélida escarcha de la muerte, podría olvidar su debilidad del pasado. Creyó que podría dedicarse en cuerpo y alma a los interminables conflictos y batallas, que podría hallar consuelo y felicidad en el acero y la sangre. Sin embargo, tras la primera luna después de abandonar los salones de la nación de las montañas, renegó de ese autoengaño destructivo. No fue más que un instante de confusión; un instinto de proteger a aquella muchacha desconocida que estaba siendo atacada. No quería volver a presenciar cómo aquel rostro y aquel cabello plateado, tan inmaculados como la luz de la luna, quedaban sepultados bajo la nieve y el hielo. Era un hombre que creía haber abandonado hace mucho tiempo su juramento de guerrero y solo deseaba derramar sangre por conflictos y diversión. Cargó contra la horda de bestias que se precipitaba como una marea oscura y arrojó con todas sus fuerzas la lanza de argento estelar que aún no había probado el color carmesí. Eso fue lo que los eruditos y bardos de generaciones posteriores denominaron como “el golpe de la calamidad”. Según las baladas antiguas, el forastero que vagaba sin rumbo por las llanuras heladas trajo el desastre a aquella tierra de paz. Por el placer del conflicto, el frío filo de argento estelar atravesó la ventisca y desgarró las montañas nevadas. En consecuencia, tres prósperas naciones fueron destruidas, las tierras fértiles se convirtieron en páramos y un sinfín de personas tuvieron que abandonar sus hogares. Allá donde fueran, podían escuchar los lamentos de los inocentes, que lloraban por el desastre que había causado aquel golpe. Pero las baladas no son más que baladas. Antes de que la sangre coagulada pudiera convertirse en leyenda, el forastero se quedó inmóvil entre muros derruidos y escombros, perdido y con la mirada fija en la nieve y el viento que se quebraban a su alrededor. La lanza que arrojó había atravesado la piedra que sostenía la tierra. Por su parte, la joven a la que debía proteger también sucumbió ante la desbordante oscuridad. Para los supervivientes de la calamidad, ese guerrero era el enemigo mortal que había exterminado al pueblo. Por ello, persiguieron sin descanso a aquel hombre llamado “Imunlaukr”. El guerrero que, según decía él mismo, ansiaba entretener a los dioses con conflictos e himnos sangrientos... El guerrero que se abandonó a sí mismo en contra de su propia voluntad, que buscó en vano la redención, pues ello solo le trajo más dolor... A partir de ese instante, dejó de anhelar la redención y de ser un guerrero.