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Marea aureosangrienta
El ATQ aumenta en un 16%. Cuando la Vida del personaje aumenta o disminuye, el daño de sus Ataques Normales aumenta en un 16%, y tanto el daño de sus Ataques Cargados como el de la reacción de Superconductor Estelar aumentan en un 14%. Este efecto dura 4 s, puede acumularse hasta 3 veces y solo se puede activar una vez cada 0.3 s. Al alcanzar 3 acumulaciones, la Vel. de Ataque aumenta en un 8%.
Personajes — Catalizador
Historia
La circulación del dinero dibuja las arterias que recorren este mundo. En él, un sinfín de seres vivos fluyen junto a la marea sangrienta hasta que son engullidos o arrastrados por ella. Evidentemente, todo ello debería ser considerado un logro de la humanidad. Igual que los números y las matemáticas nacieron para calcular cantidades monetarias, la escritura sirve para hacer recibos, y las leyes, para delimitar la transferencia de riquezas. La humanidad debería ser dueña del dinero, y no su esclava. Y el corazón de oro debería palpitar para el mundo de los humanos. Sin embargo, claro está que nadie puede hacer tal cosa como “poseer” el oro. Ya que este solo se ha servido de las manos de la humanidad para circular desde un rincón del mundo hasta el fin de los tiempos. Nada más. Pero hay algo que a cierta persona le resulta difícil de entender... Que ese “rincón del mundo” podría haber sido escogido y delimitado de manera deliberada. Y también hay algo que cierta persona no puede aceptar... Que una gran hazaña que debería pertenecer a la humanidad haya sido propuesta por esa supuesta “deidad”... Y que esa hazaña también esté siendo restringida por ella. Es precisamente por eso que debemos derrocar ese statuo quo. Si la deidad de otra tierra ha incautado el corazón del dinero, la gente de dicha tierra tiene el poder de esclavizar a otros a su antojo. Es imposible adueñarse del corazón del dinero. Sin embargo, lo que sí se puede hacer es que todo el mundo lo controle equitativamente. “Tal vez le cueste imaginar esto solo diciéndolo con palabras, así que permítame que le haga una demostración. En primer lugar, habrá que crear una nueva moneda que sustituya al Mora. En cuanto al lugar... lo haremos en una microeconomía aislada del resto del mundo. Ya me he fijado en una nación dentro de otra nación en la que la intervención divina es mínima. Infiltrarnos en ella no debería llevarnos demasiado tiempo. ¿Cómo deberíamos llamar a esa nueva moneda? Humm, no se me da muy bien eso de poner nombres... Oh, ya sé. Para agradecerle que me haya dado el crédito que me corresponde para llevar a cabo este experimento, lo llamaré ‘Cupón crediticio’”. La sofisticada máquina de supervisión zumbó mientras observaba el flujo monetario de la diminuta nación. Registraba incansablemente todas y cada una de las transacciones de dinero, ahorros depositados y despilfarres realizados. Registraba los cambios en su valor y el número de veces que cada moneda o billete circulaba durante cierto periodo de tiempo. La única ley presente era la ley privada de la acumulación de riqueza, y los únicos castigos, la pobreza o la muerte. De igual modo, solo se podían hacer dos cosas: tener privilegios y capacidad de control, o ser controlado y trabajar hasta morir. Las reglas siempre eran justas. Así, sirviéndose de su ambición y riqueza, la humanidad colaboró con los dioses. Las personas débiles que lo perdieron todo compitiendo entre sí terminaron siendo engullidas por la marea que es el mundo mortal. Los dioses no volvieron a interferir para embellecer el poder de la riqueza frente a la pobreza. Y tampoco volvieron a conceder su riqueza para salvar la dignididad de los pobres frente a los ricos.