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Rondó del letargo
El Bono de Curación aumenta en un 4%. Al realizar una curación, el portador de esta arma obtiene el efecto de “vino oracular del Vatsamonga”, el cual aumenta su Vida Máx. en un 4%, y hace que el ATQ de tu personaje en uso del equipo aumente en un 0.4% por cada 1000 pts. de Vida Máx. que el portador tenga por encima de los 40 000 pts., hasta un máximo de un 8%. Este efecto dura 10 s y puede acumularse hasta 3 veces. Después de que un personaje cercano del equipo cause una reacción de Congelado o Torbellino Estelar, el aumento de Vida Máx. y de ATQ del efecto anterior se incrementará en un 75% adicional durante 5 s. Estos efectos se pueden activar incluso cuando el portador está en tu equipo pero no en uso.
Personajes — Catalizador
Historia
La nixie que cantaba sola siempre recordará un cuento de hadas que escuchó cuando era pequeña: Había una vez, hace mucho, mucho tiempo, una niña que nació entre las olas. Era más noble que las hijas del agua y más hermosa que cualquier criatura sobre la tierra. Pero si había algo más bello que su rostro, era su voz. Cada vez que entonaba un himno antiguo, los marineros se dejaban hundir con gusto en los remolinos, y el hielo de los mares congelados se derretía ante su voz. Como suele ocurrir en los cuentos de hadas, un príncipe que procedía de tierra firme apareció en mitad de la historia. Movida por el amor y la curiosidad, la niña nacida entre las olas siguió al príncipe hasta llegar a tierra. Al hacer esto, estaba ignorando las advertencias de sus hermanas, que le decían: “Querida hermana, no se puede confiar en los seres de la tierra”. Y también el llamado de su padre: “Hija mía, el fondo del mar es el jardín donde debes cantar”. Y así, desde entonces empezó a cantar para aquel apuesto príncipe, por su gloria y sus ideales. Con su canto adornaba los banquetes de la corte, a fin de que el príncipe pudiera alardear de su poder y su grandiosidad. Este, por su parte, le obsequió seda, vestiduras de oro y ágatas, y le concedió el privilegio de dormir sobre cojines de terciopelo. El príncipe la atesoraba como la más preciada de las joyas, mientras que su espléndido palacio era el joyero en el que la guardaba. Al llegar a este punto de la historia, la pequeña nixie dijo con orgullo: “Y vivieron felices y comieron perdices. Así terminan todos los cuentos de hadas, ¿no?”. Quien narraba la historia negó suavemente con la cabeza: “Si la historia terminara así, no se habría transmitido durante cien años en nuestro clan”. La pequeña nixie siguió escuchando, pero lo que no se esperó fue el rumbo que tomó el cuento: La niña nacida entre las olas se quedó en la corte y siguió cantando en honor a las hazañas del príncipe. Este aplaudía su magnífica voz, mas era incapaz de comprender la tristeza que encerraba su canto. Perfeccionaba su técnica día a día, pero solo ella tenía un mal presentimiento. La niña nacida entre las olas ya no podía entonar los antiguos himnos que hacían llorar a la gente. No podía cantar ninguna melodía conmovedora, pues su voz se estaba tornando cada vez más ronca. El príncipe se entristeció por ella, pero solo porque era como una preciada joya que había perdido su valor. Tomándose de la mano, sus hermanas del agua ascendieron hasta la orilla para lamentar su silencio: “Querida hermana, recupera tu voz, pues es tu verdadera alma. Si no puedes volver a cantar, te desvanecerás como la espuma del mar”. Sus hermanas del agua le habían traído un artefacto sagrado. Hicieron un pacto de sangre gracias al cual las hadas del viento les dieron un método para liberarla: “Querida hermana, tu canto se halla aprisionado en el corazón indiferente y desdeñoso de ese hombre. Deja que la sangre brote de su corazón, y este artefacto te traerá de vuelta con nosotras”. Con aquel artefacto en mano, la niña nacida entre las olas regresó al palacio, recordando el sacrificio que habían hecho los suyos. Alzó una espada contra el príncipe mientras dormía, pero le temblaban tanto las manos que al final todo acabó en un suspiro. Así, los himnos antiguos se perdieron para siempre en el epílogo de aquel cuento de hadas. Quien narraba la historia negó suavemente con la cabeza y terminó con un suspiro. “Pero entonces, ¿cuál es la moraleja de la historia?”, preguntó confusa la pequeña nixie. “La moraleja es que los nixies solo debemos cantar para quienes saben apreciar nuestro canto”.