Heptadas de los Ángeles
Armas

Heptadas de los Ángeles

Rareza 5CatalizadorATQ

Estadísticas por nivel

Nivel
ATQ741
ATQ16,5 %
Heptadas de los Ángeles — Un relicario dorado tan hermoso como la luz celestial. Cuenta la leyenda que, en un pasado remoto, perteneció a una emisaria de la corte eterna.
Español

Corona del advenimiento final

Aumenta el ATQ en un 12%. Cuando el portador de esta arma crea un escudo, obtiene durante 20 s el efecto de “luz pionera”, el cual aumenta el daño que inflige tu personaje en uso del equipo en un 10% por cada 1000 pts. de ATQ que tenga dicho portador. Como máximo, el daño podrá aumentar en un 26%. Además, cuando el portador crea un escudo, también obtendrá el efecto de “saciedad del guía”, el cual le restaurará 14 pts. de Energía Elemental. Este efecto solo puede ocurrir una vez cada 14 s, y se puede obtener también al abrir todo tipo de cofres estando fuera de combate. Dichos efectos se pueden activar incluso cuando el portador está en tu equipo pero no en uso. Taumaturgia: rito secreto: tus personajes taumatúrgicos del equipo que no estén en uso también obtendrán un 50% del aumento de daño otorgado por el efecto de luz pionera.

Personajes — Catalizador

Historia

La madre de los nenúfares y las rosas acarició con una fragancia púrpura la faja bordada de la niña, pues los alegres sueños desbordantes debían tapar la melancólica sombra de la muerte. La cantora que tañía melodías refinadas lavó sus alas con unas aguas gentiles y compasivas, pues las cuerdas del mundo terrenal no debían mancillar a la noble muchacha recién nacida. En aquella época, los grilletes de la eternidad aún no se habían quebrado y en el trono sagrado de los cielos todavía resonaban cánticos de dicha y despreocupación. Bajo el árbol plateado, el tiempo fluía dulce como la miel, y las radiantes emisarias caminaban por el paraíso primigenio. En aquel sueño de prosperidad, cálido como el sol primaveral, la inocente niña gozó del cariño y la predilección de sus múltiples hermanas. En el tierno abrazo del fulgor azul, ofrecía risas despreocupadas al rocío del alba y a las flores recién abiertas. Junto a la roca negra que aún no había caído, entonaba afables poemas para el arrebol del ocaso y la apacible brisa nocturna. Sus ojos inmaculados jamás contemplaron el vulgar color carmesí, y sus pulcras manos nunca estuvieron en contacto con el dolor del agravio. Sin embargo, la luz estelar de más allá de los cielos atravesó la serenidad estancada, y el amor y el deseo caídos encendieron las llamas de la rebelión. La primogénita que se atrevió a usurpar cayó desde la cima de una montaña, mientras que las emisarias ataviadas con armaduras que juraron destruir al Señor de los Ejércitos perecieron una tras otra. Por su parte, a la niña amada y predilecta la escondieron en el palacio de una aldea remota, donde se resguardó de la furia y de la lluvia de sangre que cubría el cielo. “Derrocaré el trono del señor supremo, liberaré a los oprimidos y haré justicia para los agraviados. Mas, por favor, no dejen que el corazón de esa tierna muchacha se tenga que endurecer para luchar contra el falso señor. Independientemente de si vencemos o perdemos, no debemos permitir que sus alas aún no desarrolladas carguen con el pesado yugo que nos corresponde a nosotras”. Aunque nadie sabía cuáles eran las intenciones reales del soberano temperamental, la ley concedió la oportunidad de elegir. Así pues, despojada de su antigua naturaleza divina y desprovista de su vieja autoridad, la niña pudo conservar su cuerpo mortal. Se quitó sus vestiduras celestiales, partió sus alas radiantes y se dirigió al mundo terrenal con su frágil cuerpo de carne y hueso. Caminando a solas por una tierra colmada de tristeza y lágrimas, dejó que el fango mancillase sus pies, los cuales antaño fueron intocables. Milenio tras milenio, incontables edificios de gran altura se convertían en arena y los cantos compungidos desaparecían entre la brisa nocturna. Mientras tanto, la emisaria vagó por distintas naciones, conoció a una bruja y, finalmente, se reconcilió con el pasado. Asimismo, encontró su corona irremplazable en ese viaje y esos recuerdos que eran suyos, y solo suyos. En este mundo al que antiguamente nunca miraba, uno que ahora se quedó grabado en los ojos de alguien que ya no podía cantar... Este vasto mundo terrenal, con sus cantos y llantos, sus penas y alegrías y sus aventuras de héroes y mortales... Todo ello fue la corona de la solitaria guía. “¡Qué mundo tan hermoso!”.

Contribuciones
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