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Letanía milenaria
Al infligir Daño Hydro o Daño Dendro con la Habilidad Elemental, el portador de esta arma obtiene el efecto de “runo del Lejano Norte”, el cual aumenta la Maestría Elemental en 60 pts. durante 4.5 s. Cuando un personaje cercano del equipo causa una reacción de Florecimiento Lunar, el portador obtiene el efecto de “cantar de la luna nueva”, el cual aumenta la Maestría Elemental en 60 pts. durante 10 s. Si ambos efectos están activos al mismo tiempo, el daño de la reacción de Florecimiento que infligen todos los personajes cercanos del equipo aumenta en un 120%, el de las reacciones de Sobreflorecimiento y Crepitar aumenta en un 80%, y el de Florecimiento Lunar aumenta en un 40%. Este efecto no se puede acumular, y puede activarse incluso cuando el portador de esta arma está en tu equipo pero no en uso.
Personajes — Catalizador
Historia
“Cuando la Luna Eterna cayó, el cielo y la tierra se estremecieron. Cuando la Luna Arcoíris se hizo añicos, la sombra carmesí se hundió en el mar profundo. Cuando la Luna Escarchada dejó de girar, los reinos se sumieron en la decadencia. El mundo, sin el amparo de la eternidad, avanza hacia su fatalidad. Mas con la llegada del paraíso, la rueca original empezó a girar”. Siguiendo un antiguo poema profético, los herederos de la ciudad dorada construyeron un santuario sagrado en la desolada y solemne tundra. La arcaica luz lunar fluía silenciosamente a través de los bosques escarchados, y los vástagos del Lejano Norte seguían aferrándose a sus rituales y a su fe ancestrales. Forjaron una corona grisácea con una plata secreta inmaculada y escogieron a la suma sacerdotisa más pura para que guiara a la gente por el camino correcto. Igual que solían hacer en el pasado, rezaron a la diosa ya fallecida y cantaron a los cielos que ya no respondían. Cualquier forastero habría pensado que aquello no era más que un protocolo sin sentido de unos necios que se aferran a las tradiciones. Sin embargo, solo aquella letanía legada de generación en generación y aquel ritual milenario podían ser el emblema con el que se protegiera a quienes habían perdido su hogar. A medida que la rueca del destino se oxidaba y los hilos plateados se oscurecían, se volvía cada vez más difícil traer esperanza a la gente únicamente a través de lo augurado por una profecía. “¿Quién querría venerar a una deidad muerta? ¿Quién querría soportar el dolor de la desesperanza solo por una visión ilusoria?”. Igual que las innumerables eras que regresaron a las profundidades de la tierra, las gentes ignorantes siempre anhelaron tener una guía factible. Precisamente por eso, los rituales que los forasteros nunca llegaron a conocer sirvieron para construir un muro que hiciera de separación con el mundo exterior. Así ha sido durante miles de años y así será durante miles de años más. Y cuando por fin llegue el paraíso prometido por la antigua profecía, cuando del linaje refinado durante generaciones nazca una heredera sagrada capaz de hacer que el mundo entero se postre ante sus pies... Entonces, toda mentira y toda ofensa serán perdonadas y alabadas, pues todas ellas habrán servido al paraíso impoluto bajo la luna. Lo ocurrido después de eso es una historia que relatan los Descendientes Lunaescarcha de la actualidad, los cuales ya no repudian a los forasteros. La primera Cantalunas, la santa agraciada con bendiciones, aquella que había sido testigo del nacimiento de una deidad, era conocida con el nombre mortal de “Aila”. Según las ideas que se transmitieron de generación en generación posteriormente, se decía que ella había predicho el nacimiento de la Luna Nueva y que tuvo una revelación que le hizo decidirse a abandonar los antiguos rituales. “Aquella era la elegida que había sido bendecida al nacer, la devota que nunca se contaminó de la infinita suciedad que existía en el mundo sublunar. Ella vio el silencio sepulcral de la rueca y la desesperación de los hilos plateados, pues las milenarias alabanzas inmutables no eran más que un eco vacío. La esplendorosa luz que había fallecido nunca se compadeció de las desoladas tierras fronterizas, y solo la Luna Nueva que estaba a punto de nacer podía traer una verdadera esperanza. Hasta la última suma sacerdotisa del Lejano Norte admiraba la devoción de Aila y le abrió sin reservas su corazón. Con total sinceridad, le entregó a ella la autoridad que guiaba a la gente y le permitió sellar y ocultar personalmente el lugar sagrado. Así, la gloria quedó enterrada y abandonó tanto el título al que tanto se aferraba como el pasado que ya no importaba, mientras esperaba el nacimiento de la nueva deidad”. A partir de entonces, nadie más volvió a ostentar el título de suma sacerdotisa de Hiperbórea, y la Cantalunas pasó a ser la única persona que podía bañarse en aquella luz tan pura. ... Innumerables lunas se elevaron y descendieron. Quienes soñaban con el paraíso se enfrentaron a la sombra del hacha, y quienes anhelaban la redención se precipitaron hacia la luz. Por su parte, el monje loco que contemplaba la bóveda celeste perdió la cordura, el trono de la Estrella Albina perdió a su antiguo dueño y el Zar Blanco cayó en las turbias olas negras. Al final, incluso los ruiseñores dejaron de cantar, e incontables nombres se marcharon del mundo sublunar para convertirse en un pasado que se relataba a todos los seres. Tal y como acordó con el Forjador de Lámparas, la emisaria de la Luna Nueva tejió una letanía y la enterró en el lugar sagrado. Pero cuando la noche blanca limpió a los últimos testigos de aquella época, lo único que seguía fluyendo en calma, igual que hacía mil años, era la luz lunar. “Cuando la Luna Eterna cayó, el cielo y la tierra se estremecieron. Cuando la Luna Arcoíris se hizo añicos, la sombra carmesí se hundió en el mar profundo. Cuando la Luna Escarchada dejó de girar, los reinos se sumieron en la decadencia. El mundo, sin el amparo de la eternidad, avanza hacia su fatalidad. Mas con el ascenso de la luna nueva, la rueca del destino volvió a girar. Sin embargo, la gente que perseguía la marea no dejó de cantar y de rezar... Porque, tal y como predijo la antigua profecía, la nueva Diosa Lunar iba a regresar”.