Corazón Forjado
Artefactos

Corazón Forjado

Rareza 5

Bonos de conjunto

2

2 piezas

ATQ +18%.

4

4 piezas

Durante 12 s después de que el portador de este conjunto de artefactos cause una reacción de Destello Estelar o inflija daño de Destello Estelar, su ATQ aumentará en un 12% y el daño de Destello Estelar de todos los personajes cercanos del equipo aumentará en un 50%. Este efecto se puede activar incluso cuando el portador está en tu equipo pero no en uso. Los bonos de daño otorgados por este conjunto de artefactos no se pueden acumular con los de otro conjunto del mismo tipo.

Español

Dominios

Piezas

Conjetura del Forjador

Conjetura del Forjador

Flor de la Vida

Él sabía que los vaivenes del corazón humano no son como la temperatura de la forja, cuyos cambios pueden medirse con precisión.

Historia

En aquel entonces, aún faltaba mucho tiempo para que el pálido emperador de la Nación del Hielo y la Nieve fuera engullido por el turbio torrente oscuro. El joven domovói nacido en Kitezhgrado aún no tenía ni idea de todo lo que estaba por ocurrir. Al partir de la antigua capital cubierta de nieve en un carruaje tirado por animales de carga sobre las tierras heladas, volvió la mirada hacia su hogar bajo la cumbre alada. En aquel trineo que se alejaba, entre el cargamento que se tambaleaba, alcanzó a echar un último vistazo a su hogar. Con una carta de recomendación firmada por un ilustre domovói, empujó las puertas de la fragua cuyo fuego ardía eternamente. Enormes máquinas, inmensas como montañas, operaban sin cesar día y noche, con un estruendo que, envuelto en oleadas de calor, no dejaba de asaltar sus oídos. Sin sentir ni sorpresa ni temor, la emoción que el joven domovói sentía en su corazón lo eclipsaba todo. Sabía que lo que tenía ante sus ojos era una oportunidad magnífica y única que podía cambiarle la vida. Según los misericordiosos decretos de los grandes duques, los humanos amados por el soberano no debían cargar con labores pesadas. Es más, los humanos jamás podrían poseer la fuerza de un hada capaz de levantar enormes rocas, ni tampoco la destreza para hacer frente a cualquier situación. El joven domovói era, sin duda, el mejor testimonio para corroborar tales palabras. Tenía tan buen oído que, con solo escuchar el sonido del núcleo de la forja, sabía qué lugar necesitaba mantenimiento. Ágil como nadie, era capaz de moverse con soltura por los estrechos conductos de acero. En cuanto a la gestión del suministro energético de la ciudad y su comprensión de la kresnikita... El joven domovói había recibido una carta de recomendación y había sido favorecido precisamente por su destreza en estas materias. Quizás, después de eso, podría convertirse en el supervisor de aquel lugar. Y luego, cuando tuviera suficiente experiencia, tal vez incluso podría aspirar al puesto de presidente del Consorcio, responsable de velar por el funcionamiento de la antorcha luminosa. Sin embargo, una noche, en el banquete privado del gran duque domovói... El anciano señor de la industria minera y energética le dio una orden: “Hay una causa mayor para la que requiero tu dedicación, Izmáilov. Necesito que te unas a un plan altamente confidencial. Te he estado observando y sé que tu talento va mucho más allá. Te necesito para que vigiles los movimientos de cada persona...”.

Observación del Forjador

Observación del Forjador

Pluma de la Muerte

Él sabía que el devenir del mundo no es como el color de la forja, cuyo resultado se puede saber con solo pura observación.

Historia

Él había oído junto al fuego de una hoguera rumores sobre una muchacha de cabello gris que merodeaba tras las cortinas del palacio. Al principio, el joven domovói pensó que aquella joven no era más que una huérfana que su majestad el Zar había criado en el interior de su palacio. Un símbolo para demostrar la benevolencia del soberano de la Estrella Albina ante aquellos humanos que se arrastraban bajo las ventiscas. Sin embargo, tras unirse al instituto de investigación conocido como “Hvergelmir”, no tardó en darse cuenta de lo equivocado que estaba. En las profundidades del palacio donde más tarde crecería un abedul blanco, aquellos que perseguían lo prohibido rescataban reliquias del mundo de las sombras. Desmontaban y analizaban todo lo que quedaba de la era dorada en busca de cualquier camino o posibilidad de salvar el mundo. A menudo, en cuanto el joven domovói proponía alguna idea, la erudita de cabello gris, como si hubiera estado esperando a que hablara, ya estaba preparada para orientarlo antes de que él pudiera desarrollar su idea, y para elogiar el talento que él mismo aún no había descubierto en sí mismo. Ella calmaba sus nervios e incluso observaba y comprendía su obligación de informar de todo al gran duque domovói. La primera vez que la acompañó a explorar el mundo de las sombras, no sintió la misma emoción que cuando entró al núcleo de la fragua. Por poco colapsó ante aquel mundo que desafiaba toda lógica, pero justamente ese día, ella le puso en las manos su pluma de escribir. Incontables vidas imaginadas que podría haber vivido tranquilamente como domovói se despidieron de él en ese instante. Cubrió su miedo con una ferviente locura, como un tren que se lanza a toda velocidad hacia lo desconocido. Añadió su propio toque de color al nacimiento de una obra distorsionada. Y también esbozó su pequeño plano para la expansión del mundo que había dentro del huevo. En sus sueños, anhelaba los sueños de otras personas y, con fascinación, bebía del mar amargo. Pero en la víspera en que aquel sueño por el que tanto se había sacrificado estaba a punto de tomar forma, justo antes de emerger de la nada y adquirir una forma tangible, el soberano del hielo y la nieve, empuñando una lanza, perdió la vida en una marea que arrasó con todo, y su investigación perdió todo sentido. La nueva soberana dirigió su gélida atención a cada rincón de la nación de las tierras heladas. Era evidente que quienes habían osado entrar en contacto con lo prohibido y perdido su protección no iban a recibir compasión alguna de su parte. Él debería haber buscado otra salida para aquella muchacha de cabello gris. Pero lo que recibió fue la extraña y terrible noticia de que ella se había quitado la vida entre las sombras...

Cálculo del Forjador

Cálculo del Forjador

Arenas del Eón

Él sabía que el funcionamiento del poder no es como la energía de la forja, cuyo flujo puede controlarse con un simple interruptor.

Historia

Antes de reunirse y renacer, todo gran poder debe dividirse en tres. Y el joven domovói sabía que no tenía derecho a aspirar a ese poder. La señora que creaba ventiscas a partir de la nada se marchó con el corazón en las manos. Desde entonces, no le importó nada más que su propia estirpe. El sombrío alquimista comenzó a perseguir la vida eterna y esperó largo y tendido al reencuentro que tanto anhelaba. ¿Y qué había del gran duque de los domovói que había anunciado la muerte de la muchacha de cabello gris? Como domovói que era, naturalmente percibió la falsedad oculta en las palabras de aquel anciano señor. El joven domovói, que en el pasado había obedecido sus órdenes, tomó una firme decisión aquel día. Rechazó la solicitud de su interlocutor con un discurso impecable, mientras hacía cálculos rápidamente en su interior. No creía que la erudita de cabello gris a la que consideraba su maestra realmente hubiera fallecido entre las sombras. Juró que atravesaría aquel mundo que tanto temía una y otra vez, e incontables veces si hiciera falta. Así haría hasta agotar todos sus recursos y toda su vida, o hasta encontrar el cuerpo congelado de su maestra. Así pues, para cumplir su objetivo fuera como fuera... Debía encontrar la forma de apoderarse de todo lo que se ocultaba en las cámaras secretas del palacio. Cuando se enteró de que Kitezhgrado había sido destruido por la marea oscura, sintió un gran dolor y una gran pena. Pero, en un instante, los transformó en un júbilo desenfrenado, pues había encontrado la oportunidad perfecta para escapar del tablero. No cabía duda de que el señor de Kitezhgrado, el gran duque domovói a cargo de la industria minera, debía estar agotado por la construcción de la nueva ciudad. Tenía que darse prisa. Tenía que ser el primero en presentarse ante la nueva soberana del trono. Gracias a la mediación de un miembro de su misma especie al servicio de la Zarina, el domovói finalmente obtuvo la aprobación para tener una audiencia con ella. Solo las pocas personas presentes en ese momento saben qué fue exactamente lo que él ofreció en aquella audiencia. Así, cuando el gran duque Alvis regresó de Novokitezhgrado, descubrió que el Consorcio de Energía había cambiado de dueño. “Usted siempre ha sido muy prudente. Después de todo, su majestad la Zarina fue implacable con las hadas que ostentaban un poder real en la antigua corte... Por eso, necesita usted que se complete la construcción de Novokitezhgrado para que sirva como cimiento de su posición en la nueva dinastía. Pero yo, el humilde e insignificante Izmáilov, alguien de tu misma especie a quien tanto desdeñas... Jamás he necesitado miramientos para encontrar aquello que ha quedado sepultado por sus mentiras”.

Magnanimidad del Forjador

Magnanimidad del Forjador

Cáliz de Eonothem

Él sabía que la fugacidad de la amistad no es como el fuego de una forja, pues este no dejará de arder mientras se le suministre combustible.

Historia

Todo el mundo sabe que tanto el presidente del Consorcio de Energía como el gran duque Alvis eran domovói. Sin embargo, a pesar de ello, no dejaban de pelearse en el Veche como si fueran archienemigos. Hay quien decía que aquello no era más que una farsa entre dos hadas de la misma raza que estaban confabuladas. Pero solo las partes involucradas sabían la verdad. Tras el brindis de sus copas, se ocultaban unos filos invisibles más peligrosos que la dulzura del vino. Tras la inauguración de las vías ferroviarias que atraviesan las llanuras heladas, había que establecer una organización encargada de gestionar el transporte ferroviario. Pero ¿quién debía liderar dicha organización? ¿Quién se encargaría de gestionar el funcionamiento de los trenes en toda la nación? El gran duque de los domovói consideraba que quien asumiera tal responsabilidad debía ser, sin duda, un hada de linaje ilustre y capaz de ganarse el respeto de todo el mundo. Sin embargo, el domovói presidente del Consorcio, que ya conocía las intenciones de la Zarina en el trono, llenó la lista con nombres de candidatos humanos. Entonces, todos pensaron que ambos iban a volver a sumirse en su interminable tira y afloja y en sus incesantes luchas desde las sombras. En cambio, el gran duque de los domovói, inesperadamente, dio un paso atrás y renunció al derecho de nominar al presidente de la Agencia de Transporte. En ese momento, los descendientes de la antigua aristocracia, que había sido ya purgada, alzaron el estandarte de la rebelión entre la bruma de cenizas. La vila forajida conocida como “la Incendiaciudades” se desplazaba como una sombra por la tundra gracias a las vías ferroviarias. El gran duque domovói, que también pertenecía a la antigua aristocracia, era demasiado cauteloso como para actuar abiertamente. Pero, aun así, aguardaba entre las sombras, convencido de que Izmáilov no tenía la capacidad de aplacar los disturbios. Así pues, cuando él interviniera, sin duda podría quitar definitivamente de su pedestal a ese detestable miembro de su misma estirpe. Llegado ese momento, ni siquiera quien gobernaba el hielo y la nieve desde su trono podría tener ninguna objeción al respecto. No obstante, una vez más, el arrogante duque no se esperó lo que finalmente ocurrió. Su compañero domovói, demasiado joven en comparación con él, forjó armas para los héroes de los Luchkin y logró frustrar los planes de la Incendiaciudades antes de que esta pudiera siquiera llevarlos a cabo. Entre las llamas ardientes como antorchas, el líder de los héroes y la rebelde perecieron juntos entre las cenizas. La modesta reputación que se habían labrado entre los ciudadanos la recogió el joven presidente del Consorcio. Este, por su parte, pronunció en los callejones un juramento junto a los héroes que aún seguían ahí. Así fue como se fundó la “Alta Mesa”, y como todo el mundo, entre las cenizas y el óxido, actuó conforme a las reglas.

Legado del Forjador

Legado del Forjador

Tiara de Logos

Él sabía que la firmeza de los sueños no es como la luz de la forja, la cual puede pasarse como una antorcha a un sucesor.

Historia

Era la época en la que todo lo ocurrido había comenzado a difuminarse y palidecer, igual que los recuerdos de un pasado lejano. Los enormes árboles que crecían en la tierra cubierta de nieve se habían convertido, sin que nadie lo notara, en un dosel que tapaba el cielo. Aunque las hadas gozan de una larga vida, él ya había consumido demasiada energía después de tantos años atravesando el Dominio de las Sombras. No obstante, al final pudo volver a ver a la muchacha que había rescatado, aquella que había escapado de la tierra de las sombras. Ella se había librado del desgaste de los años gracias al Dominio de las Sombras, pero él ya tenía el cabello canoso y un aspecto muy envejecido. Ella le preguntó por todo lo que se había perdido tras quedar atrapada en el Dominio de las Sombras. Y él preparó toda la información, tal como ella solía hacer cuando lo orientaba en el pasado. Al final de la conversación, él se levantó de la silla reclinable apoyándose de su cuerpo. El anciano domovói soltó el brazo de aquella mujer que tenía delante y que intentaba sostenerlo. Luego, se quitó el sombrero en señal de respeto, tal como hacía cuando aún era un aprendiz: “Maestra mía, oh, Aksinia, a quien respeto profundamente, qué afortunado soy de poder contemplar su rostro, el cual no ha cambiado nada en todo este tiempo. No soy más que un domovói de aptitudes mediocres que ni siquiera posee la inteligencia necesaria para vengarla o heredar su voluntad. Lo único que pude hacer durante estos quinientos años fue no perder la fe... La fe en que usted tampoco abandonaría ni sus sueños ni su vida. Ya he satisfecho mi mayor anhelo en este mundo. Maestra, esto es lo último que puedo hacer por usted. Por fin se ha cumplido el único gran anhelo que tenía yo, un ser tan mediocre. Ahora, deseo devolverle la pluma que usted me entregó. Lo dejé todo, lo entregué todo... Creo que he dedicado mi vida entera a redimirme del breve sueño que usted me obsequió. Con esto ya estamos en paz. Y ahora márchese, oh, respetada maestra mía, mi querida... ... Aksinia”.

Contribuciones
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