Español
Elocuencia
Tras ser afectado por Pyro, el ATQ aumenta en un 16% durante 15 s. Tras ser afectado por Hydro, Cryo, Electro o Dendro, todos los Bonos de Daño Elemental aumentan en un 12% durante 15 s. Cada uno de estos efectos solo se puede activar una vez cada 12 s.
Personajes — Mandoble
Historia
Cuando Ténoch se encontraba contemplando las llanuras abrasantes, una marea oscura y turbia brotó del horizonte. Sopló su cuerno de bronce y alzó su gigantesco garrote de obsidiana hasta el hombro. “La crisis es inminente, y los líderes de las tribus continúan discutiendo sin descanso. Dejen que Ténoch traiga su Garrote del Diálogo, y que él sea nuestro mediador. Ténoch ya no pertenece a ninguna tribu, pero su furia todavía persiste ardiente, y no parece que vaya a desvanecerse”. Y así, el solitario Ténoch avanzó con su pesado garrote de obsidiana sobre el hombro. Atravesó las escabrosas llanuras plagadas de dragones, peligros, aguas termales y zonas volcánicas. La primera en aproximarse para recibir al héroe Ténoch fue la fantástica corredora Wanjiru, acompañada por su ruidoso compañero Kayeke. Su piel oscura revelaba evidencias de las aventuras que había vivido previamente junto al héroe, pues las profundas cicatrices todavía podían apreciarse con claridad. Aunque todos estaban agotados después de todas las disputas que habían sucedido entre los jefes de las tribus, el hecho de que invitaran a Ténoch hizo que recuperara sus energías. Había estallado una feroz batalla por las ardientes tierras de Natlan. ¿Por qué iban a oponerse Wanjiru y los miembros de su tribu? El segundo en acudir al abrazo del héroe fue el valiente Menilek y su fiel compañero Ngoubou. “¡Vengan, vengan! Aunque las tribus ya no se atrevan a dirigirse la mirada, aunque esta disputa no haya terminado... A mis ojos, tú, el portador de este garrote, eres héroe de héroes, hermano de hermanos”. El tercero en avanzar hacia Ténoch fue el astuto Sanhaj Kompore y su misterioso compañero Mahamba. Sanhaj ya había sido persuadido por el Garrote del Diálogo en el pasado. Acabó uniéndose a las tropas de guerreros después de que el héroe le hubiera prometido que le entregaría el botín de guerra. Kompore había predicho el desenlace que ocurriría entre él y el héroe Ténoch, y cómo surgiría el lugar que todo el mundo conocería como Mare Jivari en la posteridad. “Quizá sea relevante, quizás no, quizás llegue el día en el que el canalla que ganó su renombre por ser tan perspicaz como una víbora se convierta en un héroe”. La cuarta persona que se acercó al héroe fue Burkina y su temerario compañero Kongamato. Burkina nunca había vivido las adversidades de la batalla junto a Ténoch, pero el imponente garrote de obsidiana lo guio para que emprendiera tal peligrosa travesía. La guerra había dejado innumerables cicatrices en el cuerpo de Ténoch, y para Burkina representaban la prueba de que ese era el camino hacia el que debía avanzar... La revolución debería ser el destino de los jóvenes, deberían derramar su sangre en pos de la justicia en lugar de pasarse los días holgazaneando tumbados en una cama de paja. El quinto en someterse a la influencia del héroe Ténoch fue Sundiata, jefe de las minas, y su fiel compañero Muhuru. “Por el bien de la estabilidad de todas las tribus y con el fin de evitar más conflictos, hubo una ocasión en la que pedí a la deidad del elemento Pyro que te expulsara. Pero ni siquiera hoy te has rendido ante una sangrienta batalla... Quizá este sea el último combate de nuestra generación. Ya que estás tan convencido de partir, yo no tengo ninguna objeción en acompañarte. Eso sí, ni se te ocurra involucrar a la gente de mi tribu en esto”. El sexto en unirse al héroe Ténoch fue su mayor enemigo de la juventud, el gran Túpac. No había montura capaz de soportar su peso. Cuando Ténoch se dirigió junto a sus seguidores a la morada de Túpac para dialogar con él, lo encontraron contando meticulosamente todas y cada una de las cicatrices que habían dejado en su cuerpo los muchos desconocidos a los que se había enfrentado. “Alrededor de trescientas cicatrices, veintitantos huesos rotos y más de cien pedazos diminutos de obsidiana habían quedado profundamente incrustados en su piel, como si de diminutas perlas se tratase”. “Doscientos rasguños, dos costillas rotas y un ojo con el que ya no puedo ver desde lejos. Tú también fuiste generoso con los recuerdos que me dejaste”. Los dos exenemigos rompieron a carcajadas y se dieron la mano. Y así, Ténoch consiguió aliados de cada una de las seis tribus principales. Brillando como las llamas de un fuego salvaje, se estrellaron con las oscuras montañas...