Cantar de Gesta del Lobo
Armas

Cantar de Gesta del Lobo

Rareza 5MandobleProb. CRIT

Estadísticas por nivel

Nivel
ATQ608
Prob. CRIT33,1 %
Cantar de Gesta del Lobo — Cuenta la leyenda que esta es la gran espada que forjó Ravenwood, aquel que heredó el título de “Boreas”, con sus propias manos antes de convertirse en caballero.
Español

Caballería indómita

La Vel. de Ataque aumenta en un 10%. Al golpear a un enemigo con un Ataque Normal/usar la Habilidad Elemental/iniciar un Ataque Cargado, el portador de esta arma obtendrá 1/2/2 acumulación(es) del efecto de “himno de los Cuatro Vientos” respectivamente, el cual aumenta el daño infligido en un 7.5%. Este efecto dura 4 s, puede acumularse hasta 4 veces y solo puede activarse una vez cada 0.01 s. Además, si el equipo tiene el efecto de “taumaturgia: rito secreto”, cada carga de himno de los Cuatro Vientos también aumentará el Daño CRIT del portador de esta arma en un 7.5%.

Personajes — Mandoble

Historia

En la tierra de la poesía y el vino, desde tiempos antiguos se han transmitido numerosos versos que cantan sobre las hazañas de los caballeros. De todos los magníficos poemas, las historias sobre el “lobo” suelen ser las más populares. Después de todo, en comparación con el majestuoso “león”, el lobo, un ser libre, siempre resulta más del agrado de los poetas. Las historias suelen comenzar así: Un caballero errante llegó desde las tierras del norte acompañado de un compañero de viaje llamado “Boreas”, con el fin de visitar la ciudad que acababa de liberarse. El lobo indómito y el caballero cazaban juntos, abatían a las bestias feroces que asolaban los campos y repelían a la serpiente gigante que atacaba la costa. Sin embargo, cuando el lobo solitario, que tanto añoraba su hogar, dejó su alma en los verdes campos, el caballero también se marchó en silencio siguiendo al Viento del Norte. Al final, nadie llegó a conocer el nombre del caballero errante, pero su fama no fue olvidada por la historia como él hubiera deseado. Realizando toda clase de interpretaciones, los románticos poetas imaginaron que el caballero sin nombre siempre bebía un fuerte licor de la nación de las nieves antes de entrar en una batalla. Pero pocos sabían que el caballero había llegado para presenciar el destino del lobo, y que su tierra natal no se encontraba en la despiadada nación de las nieves. Después de todo, antes de convertirse en el protagonista de la historia, el caballero siempre hacía lo que le daba la gana, sin la más mínima pretensión de parecer un héroe. A excepción del Gran Maestro, que insistía sin parar en reclutarlo para sus filas, los clientes de la taberna lo veían como una persona normal y corriente a la que le gustaba beber. La única excepción era un joven llamado Ravenwood, hijo del herrero de la ciudad. Durante los pocos años que el caballero sin nombre estuvo en Mondstadt, el joven se convirtió prácticamente en su escudero. Se conocieron cuando el caballero llegó a dicha nación y le encargó a su padre que le forjara una espada. Sin embargo, las monedas que el caballero pensaba utilizar como pago tenían grabadas unas marcas que nadie sabía reconocer. El herrero, que únicamente forjaba espadas para la nobleza, terminó regalándole aquel pesado trozo de hierro. “En la nueva Mondstadt, todos debemos empuñar un arma para defender nuestra libertad”. Desde entonces, el hijo del herrero siempre seguía al caballero sin nombre, pero la mayor parte del tiempo se quedaba en silencio mientras lo observaba practicar con la espada. De vez en cuando, cuando estaba exhausto, el caballero hablaba para sí mismo bajo la luz del atardecer y contaba historias de una tierra lejana ya olvidada. En ella había flores que jamás se marchitaban, y junto a un río de hidromiel se alzaba una nación de guerreros que hace mucho dejó de existir. Los guerreros, que en el pasado cantaron alabanzas a la virtud y la pureza, sucumbieron a la tentación de poder y riqueza y estaban dispuestos a servir a un tirano codicioso. Las leyes se corrompieron y el noble código marcial se desmoronó, de modo que incluso quienes esclavizaban a otros terminaron siendo esclavizados. El viento nocturno zarandeaba la raída capa del caballero sin nombre, cuya armadura finamente labrada con intrincados grabados resplandecía bajo la luz de la luna. La errancia y la libertad eran el final predestinado del caballero apátrida, pues bajo esta luna ya no quedaba hogar alguno que mereciera su protección. Muchos años después, la historia de Boreas se convirtió en leyenda y el héroe que destrozó las cadenas se marchó. Dicen que los sacrificios más duros traen la libertad, pero la comodidad que les sigue a menudo conduce a la esclavitud. Los mandamientos de los Caballeros de Favonius aún resonaban en sus oídos, pero sus antiguos camaradas habían traicionado su juramento para arrojarse a los brazos de la vieja nobleza. En medio de aquellos tiempos turbulentos, el hijo del herrero empuñó su espada recién forjada y partió hacia las tierras salvajes. “No hay forma de revivir la libertad y el coraje de quienes se sacrificaron por ella. Así pues, atesoren su noble virtud”. Unos días más tarde, un caballero cubierto con una capa raída apareció ante las puertas de la ciudad. Frente a sus enemigos, blandía una temible espada pesada con tal destreza que parecía haber sido bendecido por los dioses. Un anciano lo reconoció: era la técnica de espada del caballero que se hacía llamar “Boreas”. “¡Es Boreas! ¡Boreas ha vuelto!”. Entre los vítores de la multitud, Ravenwood cerró los ojos. ¡A la carga! ¡Por la libertad! ¡Por el imperecedero espíritu de caballero!

Contribuciones
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